Tuesday, July 29, 2014

La historia

http://en.wikipedia.org/wiki/Ravensbr%C3%BCck_concentration_camp



Hace unas semanas fuimos de vacaciones a Alemania, a navegar en los canales. Esto para celebrar el 50 Aniversario de Bodas de mis suegros. Alquilaron un pequeño yate, y lo navegaron mi cuñado, mi esposo Søren, y mi sobrino.

Entre uno de los paseos turisticos que hicimos nos topamos con que en la ciudad de Ravensbrück estaba un antiguo campo de concentración nazi. Como parte de la historia, pues había que irlo a ver. Es ahora una especie de Memorial y Centro de Exhibición. Queda junto a un lago bellísimo.


Fue un campo de concentración para mujeres y niños. Murieron cientos de miles. Este campo se especializó en realizar experimentos médicos en las mujeres.  Los niños, con excepción de unos cuantos, morían de inanición. En la caminata hacia el mismo, me empezó a invadir la sensación de impotencia y rabia por las barabaridades cometidas a millones de personas por los nazis. Me imaginé los vagones del tren transportando a los prisioneros por esas calles empedradas, sin otro destino que su misma humillación y muerte.


Ya cuando llegamos al sitio, no podía yo con mi tristeza. De sólo entrar y ver las fotos de los pocos sobrevivientes y sus testimonios se me salieron las lágrimas. Pasar al siguiente local y ver las cámaras de cremación fue demasiado para mí y sin poder evitarlo se me salió el llanto de una niña de 5 años. Muy duro.


Decidí quedarme afuera, junto al lago, mientras los demás hacían el recorrido por todas las instalaciones. Poco a poco me logré calmar. La brisa que traía el lago era cálida, y el cielo estaba azul y despejado.

En algún momento salió mi hijo Sebastián para darme un abrazo. Al final de la gira mi hija Camila se me acercó y abrazadas lloramos juntas un ratito. Aunque yo no pude con la experiencia me pareció valioso que mis dos hijos experimentaran la realidad palpable de la maldad. No los podemos, ni debemos proteger de todo, deben saber que el infierno está aquí mismito, cerquita, en la tierra.

Ya de regreso a casa, ayer, estábamos recordando este lugar, con Camila y una amiga suya. Comentamos lo horrible que puede ser cuando vemos el grado de maldad al que cierta gente puede llegar. Y como nunca debemos permitir que este holocausto se repita (aunque Mel Gibson sostenga que no ocurrió en verdad)

Al final de la plática, después de un suspiro profundo, Camila se volvió hacia su amiga Tilde y con voz cantarina le propuso: "Vamos Tilde, juguemos al campo de concentración! vos sos Hitler!" y muertas de la risa las dos salieron al patio a bañarse con la manguera. Menos mal que la enseñanza cayó en tierra fecunda.




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