Sunday, May 3, 2009

Primero de Mayo

Luego del Día Internacional los proyectos me han tenido ocupada. Nada tan grande como la actividad del colegio. Entre diseñar tarjetitas de cumpleaños, reuniones en el colegio, giras al Centro (donde descubrí pequeños tesoros) y regreso a mis Pilates.

Pues ya puse a la orden mis servicios para diseñar tarjetitas. Mi primera clienta quedó bastante satisfecha, yo también, y, más importante, la cumpleañera. El problema es a la hora de cobrar. Mmmm ¿cuánto puedo cobrar para que valga la pena? siempre termino con la sensación que por el trabajo que hago no obtengo la suficiente remuneración. Al hacer un segundo reconocimiento me doy cuenta que con sólo sentirme productiva me pago solita. Monetarimente hablando, supongo que llegará el momento que me vuelva más mercachife y cobre sin piedad.

Aquí meto un medio paréntesis, que tiene que ver con mi actividad de diseño. El 12 de mayo Soren y yo cumplimos años de casados. Soren obtuvo su regalo adelantado: un blackberry "no me acuerdo qué" modelo (¿será Bold? seguro la Vida podría ayudarme con esto), sólo se que es el ultimito, el cual incluso no lo tienen en las tiendas, sólo para clientes referidos. Y como a nosotros nos refirió el Gerent General de Movistar, pues lo pudimos comprar.
Yo recibiré una impresora láser a colores. Se me hace agua la boca con solo imaginarla juntito a mi compu. Así mi trabajo va a ser más rápido, sin tener que pelear con el bendito tráfico, y, creo yo, las ganancias van a ser mejores. Al menos para poder pagarle a la muchacha de servicio que se ocupe de las labores que no hago, por estar trabajando...

A propósito del teléfono de Soren, su blackberry, a veces me pregunto si era el regalo ideal para nuestro aniversario de bodas (¿de barro?) la atención es tooooooda para el tal "cranberry" ese.

En el colegio, pasando a otro tema, hemos estado tratando de introducir otra proveedora de almuerzos. Explico: los niños de kinder hasta secundaria almuerzan en el colegio, así que tenemos dos opciones: o mandamos el almuerzo empacado, o lo compramos a María Elena Reigosa, que nos entrega, cada vez, hojas de menús con los precios para que ella los lleve todos los días a los estudiantes.

Claro, genial sería que los niños llevaran siempre su almuerzo, pero los pequeños no tienen acceso a microondas, así que no creo sea la mejor opción comerse el almuerzo helado. O que coman sanguchitos todos los días.

El 50% de los estudiantes no contratan sus servicios, y los que comen su comida dicen que están aburridos de lo mismo, siempre. Me parece que su comida es buena, variada, nutritiva y aseada. Sebastián nunca se ha quejado. Pero la sana competencia nunca daña a nadie.

Así que fui a una de las reuniones quincenales con el director (Director´s Coffee, le llaman) e hicimos la propuesta. Menos mal que no la rechazó, más bien se mostró receptivo. Y yo he visto rechazar propuestas de muchas madres sin el menor miramiento, así que estoy positiva. Todo sea en beneficio del tal Sebastián.

Hace como tres semanas hice una excursión por el Centro, con mi amiga Ester (holandesa), ella cose, y hace unas cosas lindísimas, sobre todo para niñas y niños. Desde bolsitos, cintillos para el pelo, sombras de lámparas, delantales, forros para albumes, bueno, de todo, y a cual más primoroso uno del otro. Ella tiene buen ojo para combinar telas y para escogerlas también. De manera que una mañana, después de dejar los niños en el colegio nos enrumbamos al Centro.

Dejamos el carro parqueado en uno de los tantos estacionamientos, que ya, a esa hora, estaban llenos. Menos mal conseguimos puesto, para poder caminar con tranquilidad. El Centro está organizado como León, muchas calles de un sólo sentido, que para las que no conocemos, resulta imposible de transitar. Bueno, caminamos hacia la tienda de telas, un edificio de tres pisos, enorme, lleno de todo tipo de telas, justo frente a la Plaza (al lado de la Catedral y de la oficina de correos), en nuestro camino se nos atravesó una de esas tiendas de chinos, Mango Bajito se llama, donde venden de todo, todo, todo, todo y en realidad que los precios bajitos. Es una de esas tiendas donde todo querés, porque estás segura que a todo le encontrás utilidad.

Después de adquirir 18 bolívares en 6 bolsitas para cosméticos, un espejito de madera, rosado, para la Camila, dos gorritos blancos como de judíos y una camiseta para Sebastián, seguimos la ruta hacia Gama, la tienda de textiles.

Entre algodón, organzas, lonas impermeables e imitaciones de cuero, encontré las telas que necesitaba para forrar las sillas del comedor. Dejé otros amores esperando para otra pasadita, que, espero yo, será prontito. Luego nos fuimos a la tiendita de telas de una portuguesa. Ester, aunque holandesa, habla mejor portugués que español, ya que vivió 7 años en Brazil, antes de venirse a Venezuela. Ella compró otras telitas que necesitaba para sus trabajitos maravilla.

Ah! al salir de Gama, y dirigirnos donde la portuguesa, nos encontramos con Mónica, otra mamá del colegio, brasileña, otra amante del Centro. La encontramos caminando rápido y agitada, mientras nos contaba que, pasando ella a dos calles de donde estábamos, un grupo de buhoneros estaba en plena guerra con la policía, tratando de desalojarlos, su "en sus marcas, listos, fuera" lo detonó, literlamente, el sonido de un balazo al aire. No son balas, si no perdigones, según me explicaron, para asustar a la gente.

Por si acaso nosotras iniciamos la retirada, y mientras hacíamos las filas interminables para salir del Centro, recibimos una llamada de Mónica alertándonos que nos fuéramos de allí porque todas las tiendas estaban cerrando las "santa marías" (las cortinas de hierro plegales en las entradas de las tiendas) mientras la poca gente que quedaba en las calles se refugiaba en las tiendas que aún no cerraban.

Espantadísimas llegamos al colegio, y lo contamos al que nos quisiera oír, recibiendo la misma respuesta, subiendo los hombros, la gente comentaba que eso pasaba todas las semanas en el centro. Sabrán que hasta ahí llegó nuestra emoción de heroínas en las calles, creyendo haber sobrevivido un episodio importantísimo en la historia venezolana, cuando era nomás una de las tantas cotidianeidades en este convulsionado país.

Este fin de semana largo nos fuimos de gira otra vez. Lástima que se nos olvidó la cámara, así que les debo las fotos. Nuestros amigos, Mark & Carrie, nos invitaron a ir a esta "Hacienda La Calceta" (http://www.posadalacalceta.com/index.html) a 60 kilómetros de Valencia, en el poblado de Bejuma. Hechas las reservaciones, empacados y todo, salimos el viernes a las 10:30 de la mañana rumbo a la Hacienda.

Del poblado hasta la Hacienda se sigue un camino de tierra, en buenas condiciones, donde disfrutamos la vista de fincas productoras de naranjas. Todos los naranjos con frutos, lindos. Sin embargo no encontramos un lugar que vendiera, toda la producción se lleva a la ciudad.

Llegamos a la Hacienda hacia el medio día, donde nos indicaron nuestras habitaciones, las número 5 y 6. La nuestra tenía mezzanine, donde los niños jugaban a estar en el ático, que era un barco o simplemente sentir lo diferente de subir a las camitas mediante una escalera.

Nos indicaron que el almuerzo estaría listo a las 2:00 p.m., así que dimos una vueltecita rápida para recorrer la propiedad, regresando sudados y cansados, listos para ducharnos, ya que el índice de humedad es altísimo.

A las 2:00 en puntito la campana del comedor repicaba, invitadora. Llegamos a la Casa Hacienda, donde está el restaurante, y en la terraza encontramos una mesa larga con una canasta de flores y un rotulito que decía: Sra. Gabriela Vargas. Ya en nuestros puestos estaban unos humeantes platos de crema de papas, riquísima. Al finalizar la sopa, los jóvenes camareros reemplazaron los platos vacíos por carnita, arroz, vegetales al vapor y maduro al horno. A la disposición teníamos jugos de frutas y agua. De postre nos terminaron de llenar con un flancito de queso. Terminamos llenos y satisfechos.

Descansamos el almuerzo, nos tomamos el respectivo cafecito y nos dirigimos a la piscina. Era más lago que piscina. Riquísima. Nuestros amigos llevaron cualquier cantidad de flotadores, así que los niños disfrutaron hasta que los mosquitos hicieron que iniciáramos la retirada. A bañarnos y esperar la cena, mientras platicábamos y tomábamos algo.

La campana nos anunció la cena, esta vez a las 8 de la noche, la cual fue recibida por aplausos, que venían desde todos los cuartos llenos de la posada. Cremita otra vez, de vegetales esta vez, pollito a la plancha, puré de papas o papas en cuadritos sofritas y vegetales nuevamente. Delicioso. Una vez más terminamos con un postrecito delicioso, el cual a duras penas probé, empujando toda la comida dentro de la barriga. Cafecito, plática y corredor frente a los cuartos.

A la mañana siguiente, después del desayuno delicioso, huevos revueltos con tomate, frijolitos, arepas, queso fresco y suero de leche, nos dispusimos a subir hacia la cascada. La subidita fue dura, increiblemente lo logramos hasta el final, arrullados por la constante queja de la Camila, reclamándonos el por qué no la podíamos cargar...

Valió la pena, la cascada, más bien un salto de agua, bellísima y refrescante, nos descalzamos y cruzamos hacia las piedras mientras los niños exploraban y chapoteaban pringándose las ropas. Todo el tiempo que estuvimos nos acompañó una mariposa azul, la cual recibió visita, al poco rato, otra mariposa azul brillante, preciosas las dos.

La llegada de otros visitantes, media hora despues, aproximadamente, marcó el momento para regresar. Camino abajo visitamos unas pocitas bien bonitas, los niños, una vez más, felices subiendo y bajando rocas.

Llegamos: a la piscina! ufff, delicioso. Un bañito y a esperar la siguiente comida. Una vez más quedamos como chanchito navideño. Luego del postre y el café nos dirigimos a la piscina otra vez.

Para esa (última) noche programaron fiesta, así que la cena fue en la terraza, las mesas grandotas sin nombres para que los huéspedes pudiéramos socializar. Así fue, super agradable. El cheff y su equipo habían dispuesto la parrilla, donde brindaban tiras de lomito asado, pollo y salchichas. Para acompañar había yuca, hallaquitas y guacamole. Pecando de repetitiva: la comida deliciosa.

Todo bien, hasta que Camila, sin querer rompió un vaso, y a llorar también. Una mezcla de todo, cansada, abrumada y apenada, hizo imposible poderla calmar. Ni con la ayuda del equipo de la posada, diciéndole que no pasaba nada, que no se afligiera. Pero la pobre estaba inconsolable, así que nos retiramos a nuestros aposentos. Luego de un rato la pobre me confesó que se afligió porque creía que la iban a regañar. Bueno, por suerte se durmió pronto y papá llegó al rescate con un plato bien dispuesto con un poco de todo lo que había para cenar. Cansada yo también, comí y me dormí con ella. Sebastián había llegado no hace mucho, y los tres nos acurrucamos a dormir.

La temperatura cambiaba dramáticamente, de manera que el domingo nos despertó lluvioso, refrescante. Recibimos la campana del desayuno, cumplimos la misión encomendada e intentamos reservar los caballos para un paseíto por la propiedad pero desgraciadamente el encargado de los cabalos estaba enfermito. Luego de la fiesta de la noche anterior, su pobre cuerpecito no dio más...

Decidimos dar una vuelta por el vivero de la posada y nos alistamos para regresar y enfrascarnos con la cruda realidad: Valencia. Cansados y satisfechos logramos vencer el tráfico que seguro vendría en horas más tardes, cuando las buenas gentes regresaran de sus vacaciones respectivas.

Ya recargadas las energías del cuerpo y el espíritu estamos esperando las 6 semanas que nos separan de nuestro viaje a Nicaragua. La nueva semana también, pero más el viaje.

Que el inicio de la semana los trate con cariño. Cambio.