Thursday, April 11, 2013
Anímicamente dependiente del clima
Casi toda mi vida viví en clima tropical, latinomericano, caribeño, seco o húmedo. Caliente, más caliente y un poco menos a veces. El clima frío lo viví en vacaciones, lo disfrutaba a ratitos, y como siempre que se está en una situación no cotidiana, se conlleva bastante bien. El regreso a la cálida realidad me hacía a veces hasta extrañarlo.
Siempre estuve clara, sin embargo, de ser animal de temperaturas altas.
Ahora que vivo en estas latitudes, paso la mayor parte del tiempo pendiente de la temperatura. Desde temprano en la mañana chequeo el reporte del tiempo para decidir el vestuario que mis hijos necesitan durante el día. Confirmo si voy a necesitar alguna bufanda, guantes, botas o sólo una chaqueta ligera.
El levantarme con sol o sin él es, sobre todo, el punto determinante de como va a ser mi ánimo durante el día. Pero miento, puedo salir de la cama sin sol, un poquito desanimada, y si el sol decide salir en el transcurso del día me alegro. Cambia mi humor y hasta, creo yo, mis capacidades intelectuales. Pienso mejor, soy capaz de hacer más cosas.
Me pregunto si con el tiempo me voy a acostumbrar, o más bien, voy a aprender a convivir con este clima tan inhóspito y cambiante.
Necesito el arcoiris.
Recuerdos maternos / Maternity memory
Hace una semana fuimos a visitar por fin al hijo recién nacido de Nohemí y Anders. Este nacimiento por alguna razón me emociona bastante. Talvez por el hecho que nació la misma fecha de mi cumpleaños. Debo confesar, sin embargo, que no sabía que esperar. Esto es, si el encanto iba a ser mutuo.
Llegamos después de casi seis horas de viaje. Nosotros vivimos en Køge, zona en Sjælland, y ellos en Ribe, Jylland. Las distancias se alargan cuando contamos la ida a Lolland, donde debíamos recoger a mis hijos, que habían sido invitados a pasar algunos días con mi cuñada, gracias a las vacaciones de otoño. Fue llegar, saludar y saborear un almuerzo delicioso que la familia entera había preparado, asistida por los niños, y seguir el viaje.
Durante el viaje disfrutamos los paisajes otoñales. Es increíble como en un país tan pequeño las condiciones climáticas son tan variables. Salimos de Køge nublado, pasamos por un Lolland soleado y nos recibió un Ribe lluvioso.
En fin, fue amor a primera vista. Fue como experimentar un viaje astral, 11años atrás. Era tener a mi hijo Sebastián en mis brazos otra vez. Pero esta vez relajada, sabiendo ahora que va a sobrevivir sin tener que estarlo vigilando el día entero.
Y para poner la fresa sobre el pastel, los padres de este niño tan lindo nos solicitaron tener el honor de ser sus padrinos de bautizo. No pudo haber sido mejor.
Casi puedo imaginar mis días de abuela. Soñando que mis hijos quieran compartir sus pequeños milagritos.
Llegamos después de casi seis horas de viaje. Nosotros vivimos en Køge, zona en Sjælland, y ellos en Ribe, Jylland. Las distancias se alargan cuando contamos la ida a Lolland, donde debíamos recoger a mis hijos, que habían sido invitados a pasar algunos días con mi cuñada, gracias a las vacaciones de otoño. Fue llegar, saludar y saborear un almuerzo delicioso que la familia entera había preparado, asistida por los niños, y seguir el viaje.
Durante el viaje disfrutamos los paisajes otoñales. Es increíble como en un país tan pequeño las condiciones climáticas son tan variables. Salimos de Køge nublado, pasamos por un Lolland soleado y nos recibió un Ribe lluvioso.
Maximo Nikolaj Lydom
En fin, fue amor a primera vista. Fue como experimentar un viaje astral, 11años atrás. Era tener a mi hijo Sebastián en mis brazos otra vez. Pero esta vez relajada, sabiendo ahora que va a sobrevivir sin tener que estarlo vigilando el día entero.
Y para poner la fresa sobre el pastel, los padres de este niño tan lindo nos solicitaron tener el honor de ser sus padrinos de bautizo. No pudo haber sido mejor.
Casi puedo imaginar mis días de abuela. Soñando que mis hijos quieran compartir sus pequeños milagritos.
Wednesday, April 3, 2013
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