Hola,
Hoy ya es 9 de marzo, se nos fueron los tres primeros meses del año ya. Queremos que estos meses pasen rápido para que junio llegue pronto y podamos irnos a Nicaragua. Todos los días hablamos de algo nuevo que podríamos hacer cuando estemos allá.
Ayer hablé con Jaime Pacheco, y parece que su pasaporte estará listo la próxima semana, necesita poner fecha del viaje a Nicaragua a más tardar a finales del mes, o si no pierde el boleto. Talvez se va con nosotros en junio, veremos como se organiza.
Medio con la excusa que ayer fue el Día Internacional de la Mujer nos fuimos a almorzar al restaurante de las loras, como le dicen los niños. Es el restaurante que está al aire libre y las loras andan caminando entre las mesas. A Sebastián y Camila les gusta mucho el lugar, por los columpios y toda el área que tiene para que anden corriendo. Estuvo todo bien rico, yo pedí el cordero, estofado, muy bueno. Pero nos pegó el viento. Estábamos con mucho frío. Los niños encontraron una estufita de piedra que tenían encendida en un rincón del restaurante y se sentaron frente a ella para calentarse entre carrera y carrera.
Comenzamos yendo con Cristina y luego se juntaron Anders, Nohemí, Andrés y un amigo suyo (Fernando) Debido al frío tuvimos que pedir un vinito tinto. Nos trajeron las botellas de las cavas que tenían, un Merlot, un Carmenere y un Cabernet, como no supimos cuál escoger decidimos abrir los tres así para la otra ya tener una opinión más informada.
Nos quedamos ya casi hasta la noche, cuando ya de plano el frío nos corrió. La Camila insistía que "ellos no tenían sueño", pero una vez aquí, ya empijamados en menos de 10 minutos quedaron tiesos.
El sábado anterior (7 de marzo) nos invitaron al mar la pelota de amigos mexicanos, Laura y Edgard Morán, y Claudia y Martín Karg. Con sus respectivos hijos: Edgard, Laura y Ana Sofía Morán, y Martín, María, Fernando y Claudia Sofía Karg. Así que más los dos nuestros era una pandillita simpática de niños, donde el mayor tiene 14 años.
Fuimos a la Playa La Rosa, como a una hora de Valencia, en la ciudad de Puerto Cabello. Es una medio base militar, así que a las 4 de la tarde es la hora de cierre, y con pitos te sacan del agua. Lo simpático de esta playa, es que a diferencia de los cayos (que los amo) esta playa tiene olas, casi como las nuestras, y a los niños de los amigos nuestros les gusta jugar con el agua, claro, no es aburrido como el agua calmadita en los cayos. Aparte tiene restaurantitos, donde nos comimos unos pescaditos fritos con tostones bien ricos. Y como estos mexicanos no viven sin su chile, ellos cargaban sus salsitas para ponerles "sazón" (como decían ellos) a la comida. No estaba tan picante, lo probé y estaba pasable.
Para pasar el día pues llevamos lo de siempre, papitas y chucherías, bebidas, agua y frutas. Yo llevé la sandía amada de la Camila, melón y piña en rodajas. Ellos llevaron (aparte de sus provisiones) un sazonador que se llama "Tajín", es un polvito, mezcla de acidito, saladito y un poquito de picante. Se lo echás a la piña y es delicioso. Me regalaron el vasito, porque ellos dicen que tienen cajas llenas de esto en sus casas. Ya me lo imagino con manguito verde o chupando naranja.
Lo bueno que te corran temprano de la playa es que llegás temprano a la casa. Así que nos quedamos en el apartamento, jugando, viendo películas y haciendo nada el resto de la noche. Rico.
Ese sábado recibí una llamada de Cristina, que estaba en San Cristóbal, pidiéndome si la podía buscar en el terminal de buses el domingo a las 8:30 de la madrugada. Así que fue un domingo mañanero. La fui a buscar, no sin antes perderme unas dos cuadras, y ya de regreso se nos ocurrió pasar por el puestecito de las empanadas. Así que las compramos, pasé buscando el periódico y nos venimos a desayunar. Ya Soren tenía listo el café, yo tenía gallo pinto hecho, cocinamos unos huevos enteros y nos sentamos.
Aquí, el plato típico se llama "Pabellón", que es carne mechada, frijoles, huevo y maduro frito con queso rallado. Toda esta maravilla también las meten dentro de las empanadas de maíz y las fríen. Suficiente desayuno. Al finalizar pues quedamos medio atontados. Ya cada quien en su casa, descansamos un rato. Nos pusimos a medio terminar las labores de la casa y a media tarde nos fuimos donde "las loras"
Ya hoy la prole anda en sus ocupaciones, colegio y trabajo. Ana, la muchacha que viene a limpiar, una colombiana, plácida y tranquila (como la vaca del cuento) ya está en sus labores también. Yo me apliqué con este Blog que espero seguir alimentando regularmente. Y ya pronto me voy a hacer mis "mandados" de la mañana.
Hasta otra entrega.