Thursday, August 14, 2014
De actores, desconocidos y conocidos
Hace pocos días recibí la triste noticia del fallecimiento de una persona que conocí, no muy de cerca, pero sí dejó buena impresión. Un buen hombre, de buenos sentimientos, joven y con ganas de hacer bien las cosas.
Lo conocí joven, le decían Luisito, o sea Luis. La muerte desgraciada, uno no termina de hacer las paces con ella. La sabemos inevitable, y sin embargo siempre nos logra sorprender.
Me dio tristeza la muerte de Luis, un accidente de tránsito en un día feriado. Deja a una joven viuda embarazada. Pienso en ella. En el o la bebé por nacer que no va a conocer a su papá. Regreso a pensar en Luis. Un muchacho humilde, esforzado, que logró sobresalir con gran esfuerzo y su carisma excepcional. Echado pa'lante. Aunque no lo tengo cerca, ni fue mi amigo, apenas un querido conocido me da lástima su ausencia.
El mismo día supimos que uno de los mejores comediantes de nuestra época, Robin Williams falleció también. Este por mano propia, suicidio. Un hombre brillante, el cual no pudo superar la sombra fatal de la depresión. En realidad no me sorprendió lo del suicidio. Durante los últimos años, lo vi en las películas que actuaba, y siempre le vi esa nube de tristeza que le tapaba los ojos. Aunque nos quisiera hacer reír, me parecía que él mismo gritaba alaridos dentro de sí mismo.
A muchos nos pasa que nos acostumbramos tanto a ver las caras de las figuras públicas, como actores y actrices, que los consideramos casi parte de nuestras vidas. Debe ser difícil sentirse tan ajeno ante tanta posesión pública.
No puedo dejar de hacer un parangón entre estas dos vidas, y la forma en que terminaron. Uno, haciendo siempre lo mejor que pudo, sin talvez casi tiempo para detenerse a reflexionar o lamerse las heridas propias. Simplemente viviendo lo suyo, avanzando a paso firme. Para acabar de un solo golpe repentino.
El otro con el éxito alcanzado, luchando contra sus demonios internos, adicciones, alcoholismo, depresión y con el deseo inalcanzable de sentirse cómodo dentro de su propia piel. Éste murió poco a poco, cada día era una tortura, hasta que no soportó un minuto más en este mundo. Decidió que era ya suficiente.
Unos vivimos así, cada día es una ganancia, un reto, una alegría, o disgusto, pero sin dejar de andar. A otros nos toca la lucha diaria del ser y no ser nada.
Hacemos lo mejor que podemos. Buen viaje!
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