Thursday, November 21, 2013

Lo aprendido


Entre las cosas que he aprendido, en la vida en el exilio, es estar abierta a cualquier posibilidad, y otra vez que hay más de una manera de hacer las cosas.

Es cierto aquello de "el sentido común, es el menos común de los sentidos" Lo que es lógico para mí es totalmente impensable para los demás. Y si quiero hacer mi vida aquí, tengo que aprender los códigos que aquí se usan. Después puedo manejarlos, cambiarlos y hasta obviarlos. Pero primero hay que estar informada.

Todo esta palabrería para venir a hablar, otra vez del invierno. Hoy estuve hablando con una amiga, y me comentó acerca de su baja de energías. Medio depresión invernal. Conversamos un largo rato, y nos reímos bastante. No pude ser yo de mucha ayuda, porque a mí me tiene casi igual. Me siento como el conejo que tiene amarrada frente a sí una zanahoria. Tengo que ponerme objetivos concretos para caminar todos los días. 

Eso aquí lo saben, que el invierno es duro. Y se tienen sus secretitos para sobrevivirlo. Eso de socializar a fuerza, siempre me dio pereza. Ahora no sólo lo entiendo, si no también lo necesito. La planeadera de actividades con tanta anticipación puede parecer diversión forzada. A lo mejor lo es al principio, pero cuando ya te ves cara a cara con las queridas gentes la terapia funciona de verdad.
Y como buenos teorizadores que son, la conocida teoría se lee, y se escucha por todos lados que "el contacto humano activa la seratonina haciéndonos más felices"

El sacrificio de la vagancia tiene su razón, y mejor aún, su recompensa.

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